El proyecto arrancó con una petición concreta: retratar a vecinos de Lavapiés en sus comercios y portales, sin decorados ni poses forzadas. La revista quería acompañar un reportaje sobre la transformación del barrio con imágenes que no cayeran en el tópico turístico.
Durante tres meses recorrí las calles entre la plaza de Cascorro y la calle Argumosa. El criterio de selección era sencillo: personas que llevaran años viviendo o trabajando en la zona, con una historia ligada al espacio que ocupan cada día. No buscaba rostros conocidos, sino presencias que sostuvieran el relato del barrio.
La luz de la tarde, filtrada por toldos y persianas, marcó el tono de toda la serie. Trabajé con un equipo mínimo y sin asistentes, apoyándome en las puertas de los locales y en las paredes encaladas como fondo natural. Las sesiones rara vez superaban los cuarenta minutos, porque el objetivo era que cada persona se sintiera en su terreno.
Proceso de dirección
La mayoría de los retratados no eran modelos ni actores. Mi trabajo consistió en escuchar antes de disparar: entender su rutina, su relación con el negocio o el portal, y encontrar el momento en que la conversación dejaba de ser entrevista y se volvía presencia. Las mejores imágenes llegaron cuando la persona dejó de posar y empezó a mirar con naturalidad hacia la calle que conoce de memoria.
Resultado y publicación
La serie completa consta de catorce retratos en blanco y negro, impresos en papel mate para la edición de la revista. Seis de las imágenes se expusieron después en una galería local del barrio durante el mes de octubre. El formato impreso permitió mantener la textura y el grano que buscaba desde el inicio, algo que la pantalla no transmite igual.
El archivo quedó disponible para futuras publicaciones y para un posible libro que reúna el trabajo documental de los últimos años.